Batalla de Somosierra 2025

La recreación de Somosierra declarada Bien de Interés Cultural.

El puerto de Somosierra no es un lugar cualquiera. A pesar de que el tiempo ha engullido el campo de montaña aún se puede vislumbrar la importancia histórica del paso para nuestra región.

El pasado 30 de noviembre de 2025 participé, junto a mis compañeros de la Asociación Madrileña de Estudios Napoleónicos —Fusiliers-Chasseurs Madrid—, en la conmemoración de la Batalla de Somosierra. En algunos momentos el frío cortaba el uniforme. Doscientos diecisiete años después. Allí estábamos.

A Somosierra llegamos recreadores, historiadores, asociaciones culturales y público procedente de distintos puntos de España. No éramos demasiados: apenas unos ochenta recreadores en total. En otro contexto podría parecer una cifra escasa, pero Somosierra no es una llanura ni un campo abierto; es una calle estrecha, entre las casas.

La disposición de las tropas en el terreno también condicionó la recreación. En esta ocasión, éramos los franceses quienes, de forma casi atropellada, tratábamos de huir de Madrid, cercados por la tropa española. La queja viene más por el hecho de tener que subir la cuesta que por el afán de exactitud histórica, he de reconocerlo, pero a falta de artillería y caballería polaca, por lo menos representar un avance.

En cierto modo, Somosierra impone su ley. No admite grandes despliegues ni alardes innecesarios. Todo sucede de frente, a muy corta distancia, comprimido por el terreno y por la propia presencia del público y de los vecinos. Avanzamos casi a empujones, abriéndonos paso con los fusiles a modo de bastón, apartando con cuidado a quienes se acercaban demasiado. Algún niño gritaba asustado cuando saltaban las chispas, el fuego y el humo de los disparos, pero eran muchos más los que preguntaban con los ojos abiertos y una curiosidad contagiosa. Ese contacto directo, esa mezcla de sorpresa, emoción y aprendizaje, es sin duda lo mejor de las recreaciones históricas.

RECREANDO EN SOMOSIERRA

El acto, organizado por el Ayuntamiento de Somosierra y la Casa de Polonia de la Comunidad de Madrid, estuvo marcado también por los inevitables rigores del protocolo. La presencia de un agregado naval francés obligó, por fin, a incluir La Marsellesa entre los himnos oficiales.

Por otro lado, la agenda institucional impuso una pausa inesperada: la necesidad de que el consejero de Cultura hiciera acto de presencia en una manifestación convocada por el líder de su partido obligó a detener el desarrollo del acto durante unos quince minutos, a la espera de su llegada. Fueron quince minutos largos, interminables, en los que cada segundo se sentía como un golpe en los huesos. El frío era ya intenso y la humedad del monte lo hacía aún más difícil de soportar.

Confío en que esta recreación y conmemoración de la Batalla de Somosierra sea finalmente declarada Bien de Interés Cultural. Al fin y al cabo se trata de una forma efectiva de proteger y poner en valor el patrimonio histórico de la Sierra Norte y de estos pequeños pueblos que, lejos de los grandes focos, conservan una parte esencial de nuestra memoria colectiva.

No quiero cerrar esta crónica sin expresar un agradecimiento muy especial a la Casa de Polonia de la Comunidad de Madrid. El autobús gratuito dispuesto desde Getafe, tan cerca de mi ciudad, me facilitó enormemente el desplazamiento hasta Somosierra y permitió que pudiera centrarme únicamente en lo importante: la recreación y el recuerdo histórico. Igualmente, reconfortante fue el té caliente de limón con ron al que me invitaron a la vuelta.

Lamento, eso sí, no haber podido disfrutar en esta ocasión de los bailes regionales que habitualmente se celebran en el pabellón, y que siempre aportan un cierre festivo y cultural muy especial a la jornada. Queda pendiente para la próxima, con el mismo espíritu de colaboración y respeto por la historia que caracteriza a este encuentro.

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